viernes, 23 de enero de 2009

Los reinos elementales y sus niveles de conciencia: Reino Tierra

(c)Copyright Carmen Jijón. All rights reserved worldwide.
Usualmente no me acerco a las formas convencionales al hablar de las hadas y los seres faéricos, pero, debido al interés, en especial de "los nombres de las hadas" voy a hacer unos pequeños "informes" sobre los distintos seres elementales y sus niveles de conciencia, en referencia a los distintos niveles de evolución de los cuatro elementos.
Los seres elementales no trabajan solos, forman redes de trabajo comunitario para mantener el balance energético de la tierra. Los seres humanos consciente o inconscientemente formamos parte de estas redes, a veces ayudamos y otras (demasiadas) entorpecemos el trabajo de estos seres, la comunicación y el mantenimiento físico y energético de la vida en la Tierra. Si tomamos conciencia de estas redes entonces seremos cocreadores de un mundo más balanceado y viviremos con más armonía en la naturaleza. Cabe destacar que aquí no voy a hablar a profundidad de la tarea de cada uno de los seres elementales, pero talvez en otra ocasión mencione los importantes aspectos de su trabajo en la música, el arte, el calor del hogar y sus habilidades para "tejer" y "entretejer" energías, historias, o amores... Primero está el elemento tierra: Es posible que el aspecto de los elementales sea muy distinto al que estamos habituados y las imágenes de sus cuerpos nos parezcan desproporcionadas y feas, pero eso tiene que ver con el hecho de que como seres humanos somos seres espirituales y no tenemos una experiencia tan directa con el elemento tierra, que es bastante reciente en la evolución del planeta.Nivel 1: Faunos, dríadas, (soportan la conciencia de un árbol individual). Elementales de los animales, Goblins, enanos, elfos y gnomos. Son los constructores en el mundo denso de la naturaleza.
Nivel 2: El viejo sabio y la anciana amable: Comandan y organizan los flujos rítmicos y repetitivos de la naturaleza; coordinan los procesos de desarrollo de un área específica.

La anciana amable concentra la energía del amor en las composiciones energéticas del elemento tierra, es decir que el amor de Gaia es accequible a cada criatura en el planeta sin excepción, y permanece inalterable, siendo transmitido por todos los seres de los distintos reinos y fortalecido (el amor) por ellos, y por nosotros, claro.

El viejo sabio, como su nombre lo indica, es un ser de profunda Sabiduría y cuida de los humanos en su forma física. En este sentido están (porque claro, hay más de uno) a cargo de los templos naturales. Tienen las respuestas a muchas de nuestras más profundas preguntas y son guías hacia los secretos de nuestras vidas que no hemos podido comprender. Es el símbolo de un fuerte aliado de la Verdad Divina, concentrando la sabiduría de los eones y sus patrones, en especial del lugar donde se encuentra su foco energético. Por ello también posee los patrones necesarios para la construcción y desarrollo energético de un lugar, se podría decir que es el arquitecto del paisaje en el cual trabajan los seres del nivel 1.

Nivel 3: Es el nivel más alto de desarrollo e infunde un sentido de propósito a los mundos naturales. Pan, considerado en una época como el nombre del dios griego de la naturaleza, en este contexto es un nivel más evolucionado de los elementales de tierra. Está presente en todos los lugares y en cada partícula de un paisaje y participa en el proceso de formación y modelado del territorio. Se suele focalizar en el lugar donde está el corazón del paisaje a nivel vital-energético.


Nivel 4: Devas o ángeles: Espíritus de la voluntad o Reinos (conocidos así en la tradición esotérica y en la católica...) Pero de ellos talvez sí, talvez no, hable en otra ocasión

Fuentes: Marco Poçachnik "Nature Spirits and Elemental Beings"

lunes, 12 de enero de 2009

Diosa de la Transmutación


(c)Copyright Carmen Jijón. All rights reserved worldwide.

El amor es el ingrediente principal hacia la transformación y no hablo solamente del amor de pareja o hacia los otros, sino principalmente el amor hacia uno mismo. Pero entonces ¿qué es ese uno mismo? No es el ego, ni sus máscaras, ni las imágenes que ponemos frente al mundo. Es el Alma. Es lo más puro y esencial de nosotros mismos. Sin embargo, ¿cómo puede haber transformación si el Alma en sí misma es inmutable? Porque la transmutación implica evolución, no solamente un cambio. Es decir, no cambia de rostro o de cuerpo, sino que el alma crece y se expande, aprende y mejora, toma consciencia y recuerda la verdad del amor.

Muchas diosas de la transformación como Kali, Pele, Kirke o Sekmeth promueven transformaciones súbitas parecidas a la muerte. Por otro lado, el amor como agente de transformación es una metamorfosis, una transmutación. Con respeto, perdón y aceptación a lo que somos ahora, buscamos la evolución a todos los niveles para ser más felices. 

Hay mucha gente que gusta de estar y punto, no cree poder ser feliz, mucho menos más feliz, y tampoco tiene ganas de evolucionar, porque no sabe lo que implica. Este post va para aquellos o aquellas que buscan encontrarse en el mundo subterráneo y encontrar allí el brillo de la luz de sí mismos, el sol interior.


El mayor ejemplo de transmutación es María Magdalena. María Magdalena era tanto la mujer de quien Jesucristo sacó siete demonios, como la "pecadora" que enjugó los pies de Jesús con sus lágrimas. Ella es el elemento sexual erótico erradicado de la conciencia de la Mujer, de la Virgen Madre, en la cosmovisión cristiana. Sin embargo, aquí no voy a hablar del personaje bíblico María Magdalena, sino del arquetipo de la gnosis, que es el conocimiento que nos aproxima a lo divino a través de otra faceta del amor. Ella es el arquetipo que se relaciona más con las diosas Innana e Ishtar, quienes atravesaron los siete portales del infierno (mundo de los muertos) de entrada y salida. Por lo tanto también tiene una relación con Proserpina (romana) o Perséfone (griega), es decir, ella nos conduce de entrada y salida hacia el mundo subterráneo, donde encontramos tesoros, seducciones, pruebas, misterios, aprendizajes y amenazas.

María Magdalena representa a la mujer sacerdotisa y amante como arquetipo dentro de la psique humana. La idea de la mujer sacerdotisa y amante como prostituta tiene poco más de dos mil doscientos años y señala la sombra de lo natural. Esta imagen fue negada en la cultura a la vez que lo natural fue tachado de demoníaco y el elemento sexual-creativo fue considerado un pecado y por lo tanto fue reprimido. Es el elemento que pasa por un proceso alquímico de transmutación desde la materia prima hacia algo superior, del plomo al oro.


En un terrible momento de oscuridad cultural, las mujeres se vieron forzadas a imitar su comportamiento al de la Virgen y su rol al de madre, mientras que los hombres limitaron su mujer interna o ánima a un rol similar. Por lo tanto quedó reprimida la imagen de la sacerdotisa y de la sexualidad como medio para conocer lo divino, quedó a la vista sólo su lado oscuro, se le denominó ramera. 

Pero el arquetipo de la prostituta poco tiene que ver con la Diosa de la Transmutación. La prostituta como arquetipo se presenta tanto en hombres como en mujeres como quien vende su dignidad a cambio de algo sin valor, aunque aparentemente ventajoso, como el dinero, la pseudo seguridad, la comodidad, la fama o la falta de compromiso. Es la negación de todo su poder creativo, de asumir el acto co-creador del mundo al lado de la Diosa. Se cae en este comportamiento cuando se olvida el poder personal por la seducción burda de la materia.


La sexualidad es la energía creadora, la que permite que se manifiesten las ideas y los deseos en el mundo de Maya o la ilusión y existen algunas técnicas yóguicas para usar este poder. La sexualidad permite que sea posible el deseo de unión entre dos seres, un deseo de unión que ha perdido su más profundo valor espiritual en la Cultura Humana y por ello es tan mal utilizado o reprimido. María Magdalena nos indica el camino de regreso al Uno Mismo (o al Sí Mismo desde la perspectiva de la psicología profunda) a través de la sexualidad. Ella es la sacerdotisa que nos indica el camino hacia los oscuros recodos del mundo interno, del inconsciente, para que podamos vencer a los siete demonios, a las ocho oscuridades del corazón y transformarnos en seres superiores.

María Magdalena es el receptáculo de lo divino, nos inicia en el camino del aprendizaje intensivo hacia lo divino, a través de una apasionada devoción, parecida al amor sexual. Es la transformación de la experiencia física en espiritual. Y que quede claro que quienes aspiran a lo divino son espirituales y buenos, independientemente de las caídas en el camino o del camino mismo...

Fuentes: Shakrukh Husain, "La Diosa"

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