miércoles, 30 de enero de 2008

El Reino Mágico y la Danza

Entras a un lugar encantado y te percatas de todos los maravillosos seres que lo habitan. Seres que vibran de manera más sutil, casi ilusiones ópticas, juegos de luces. Piensas: ¿serán hadas? Pero te abstienes de decirlo en voz alta, para evitar que estos traviesos espíritus tengan poder sobre ti. Es posible que las tradiciones y el folklore sobre los seres pequeños estén basados en puras leyendas, nada desdeñables... quizá la duda les ofenda.

La "gente pequeña", también denominados "buenos vecinos" o "la buena gente", son seres temperamentales, como la naturaleza misma. Recordamos que en el pasado, cuando la palabra aún tenía poder de convocación y de realización, las hadas se hacían presentes a los incautos que pronunciaban sus secretos nombres. Dependiendo de la intención, surgía la reacción faérica... buena o mala según el verdadero deseo del corazón.

Se dice que las hadas habitaban la Tierra hasta la llegada de los humanos. Algunas de ellas, altas y maravillosas, gigantescas y poderosas, tomaron a algunos humanos como consortes y tuvieron hermosas hijas y valientes hijos. Sin embargo, el corazón contaminado por la envidia, la avaricia, las insaciables ansias de poder y demás defectos de los humanos, hizo que las puras hadas se retiraran de la tierra visible a un mundo subterráneo o talvez incluso paralelo, de donde salen usualmente 2 veces al año. La primera en Samhain, el actual Halloween, cuando la puerta entre los mundos se abre, y la otra en Vísperas de San Juan o 21 de Junio, el día más largo del año, en el Hemisferio Norte, cuando bailan sin cesar y conceden mágicos deseos a los amantes.

Si bien hoy en día se habla del "Reino de las Hadas" y se hace referencia al mismo como si estuviera localizado en algún punto geográfico determinado, incluso a veces, bajo tierra, lo que da lugar a terribles confusiones y malas interpretaciones. El mismo Chaucer unió el Hades con el Reino faérico y confundió a Proserpina con la reina de las hadas. Sin embargo no hay constancia de que la diosa romana del Inframundo (o su equiparable Perséfone griega), hayan tenido relación alguna con éstos seres mágicos, de una cultura y mitología muy diferentes.

Así que henos allí, en el "Reino Faérico", el mundo mágico, el espacio intangible, ilimitado, siempre cambiante. Lo confundimos con un transfondo natural, pero éste está tejido de sueños. Es posible llegar a él de improviso o a través de medios mágicos, con pociones especiales, sin embargo los efectos son los mismos: dependen de tu intención. Este viaje por espacios no lineales, por atmósferas mágicas, no necesita de mapas ni de itinerarios, aunque un talismán protector y varios regalos para agradar a las hadas no están demás.

Una vez dentro, lo que más deseo ver hoy, quizá mañana te hable de otra cosa, es la danza de las hadas. Porque el baile es uno de los pasatiempos favoritos de las hadas. Bailan solas, bailan en corros, son extraordinariamente hermosas, talvez altas, talvez pequeñas, siempre cantando y bailando al son de sus mágicas voces y de sus instrumentos musicales. Las noches de luna llena son sus favoritas, y bajo su resplandor tejen complejas coreografías, y a veces árboles y piedras se unen a esta fiesta.


Bailan en círculos con movimientos ágiles y cantan letras difíciles de descifrar. Su música es bella y fatalmente irresistible, que puede llevar a quien la escucha a un lánguido sueño y una ruptura con el tiempo. A veces se les unen otros seres élficos, con saltos y volteretas, hasta que el baile es frenético, embriagador y dura hasta el amanecer. Se considera a este baile como un ritual de regeneración de la energía que la tierra recibe del cosmos y nutre a la naturaleza. Se dice de los famosos anillos de las hadas, que son la reminiscencia de sus fiestas nocturnas y que pueden indicar el lugar de sus habitáculos.

Si un humano ve el corro danzante de hadas, es posible que se vea compelido a unírseles, pero debe saber que ese encantamiento es fatal, ya que no puede detenerse, por lo que el frenesí de la danza lo consumirá. Es aconsejable, por lo tanto, no ir solo o sola al país de las hadas, ya que solamente un par de buenos amigos o amigas pueden ayudarte a no caer incautamente en el hechizo mágico.
Fuentes: Beatrice Phillpotts, "El Mundo de las Hadas"; Teresa Martín, "Vida, secretos y costumbres del mundo encantado de las Hadas".

sábado, 5 de enero de 2008

Las Damas Blancas

"Íbamos, como si desenroscáramos un viejo tapiz entre los árboles... y el tapiz arrastraba en su tejido las flores diminutas y las constelaciones."
Manuel Mujica Láinez

Al entrar a los bosques o jardines amigablemente, olvidando por un momento la materialidad de lo que te rodea, te adentras a un espacio de ensueño, donde las nociones de finitud y de pequeñez se transforman en borrosos vapores, y en su lugar aparecen translucidos y cristalinos sueños, donde las dimensiones de lo fantástico se suceden, dando una nueva significación a las horas, las distancias y los horizontes.

En estos, a veces fugaces, momentos de lucidez y comunión con el espacio maravilloso y mágico, fuera del orden invertido en el que vivimos, se produce una creación alquímica entre la materia imaginal y el espíritu imaginativo, transportándonos a una fulgurante y sutil alianza entre el aire, el agua y el alma.

Hemos sido bienvenidos por las canciones de las ranas, a los altares de la naturaleza, a la pureza de las fuentes sagradas, donde aún se escucha el eco de plegarias de la antigüedad, y nos internamos en mundos donde las hadas y los seres élficos moran, bailan, cantan, confundiéndose entre los velos de la bruma. Sentimos el perfume de los habitáculos de los seres pequeños y escuchamos susurros que se confunden con la brisa. Árboles, arbustos, plantas y flores están habitados por seres mágicos que los definen y defienden...

Aparecen entonces las Damas Blancas, corrientes energéticas y vitales en los parajes silvestres e incontaminados, como selvas y bosques vírgenes, cascadas, montañas y sierras, barrancos... a veces se las puede ver guardando manantiales naturales o fuentes. No se las debe confundir con los fantasmas atormentados que pululan en los antiguos castillos, ya que éstas hadas simbolizan la pureza del mundo y se las ve cuando las nubes se funden con los horizontes del otro mundo, en el eterno claroscuro de la memoria.

La Dama Blanca es un "genius loci" o un ser que protege el alma de un sitio específico, otorgándole a dicho paraje un aroma especial, así quien ahí entra, sea con un propósito o no, se siente como flotando sobre las ramas y las brumas, y los animales y plantas son extraños. Pocos seres humanos serán favorecidos con la visión de esta hada y convierten al lugar donde habitan en sagrado y por lo tanto debe ser reverenciado, manteniendo su pureza. Las damas blancas son altas y delgadas, llenas de gracia y belleza translúcida. Sus vestidos son blancos y brillantes, como si estuvieran hechos de luz de luna. Quien tiene un encuentro con este ser mágico de seguro va a ver su pensamiento y por lo tanto, su vida, trastocados para siempre...

Fuentes: Teresa Martín, "Vida, secretos y costrumbres del mundo encantado de las Hadas"; Anna Franklin, "El Anillo de las hadas", Pierre Dubois, "The Great Encyclopedia of Faeries".

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